Julia me cuenta a través de un vídeo: “Profe, pues he dibujado un hospital, una farmacia, y un niño y una niña que juegan a la pelota y que llevan mascarilla en la cara y gel desinfectante en la mano. En la farmacia hay gel y mascarillas y en las letras está el coronavirus, también.”

Así entiende su presente. Y el de tantos  niños y tantas niñas como ella.

Compruebo a diario que Julia no es la excepción. Se está convirtiendo este horizonte en realidad y fantasía a modo de bucle único para demasiados menores.

Conozco a Julia. Ni ella es miedosa, ni su familia le ofrecido un día día lleno de temores, pero es una persona muy observadora y después de todas estas semanas, saca sus conclusiones y las plasma con realismo tras interiorizarlas.
Tenemos que espabilar.
No me vale el miedo como soporte vital.
Urge la atención emocional, para mí es prioridad absoluta :continuar desarrollando herramientas para gestionar lo que está pasando.

Si hace falta, con cita previa, pero no me vale septiembre. Septiembre a mí, me queda demasiado lejos para volver al aula.

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