Mencía y yo nos hemos hecho amigas:
desde hace meses hemos coincidido en el portal, en la cuesta de las carreras y los saltos a pata coja frente al portal, en el garaje donde guardamos las bicis y en las risas y en las confidencias.

Mencía tiene cuatro años, es tan lista que me saca ventaja en todo y desde hace días ya solo podemos saludarnos desde nuestras ventanas para aplaudir y prometernos -cuando sea- un saludo de reencuentro con su abrazo y todo.

Hoy, estrenando primavera y día de la poesía, le he dejado un mensaje en la entrada del edificio, para cuando pueda verlo y se lo lean, para cuando podamos salir por la puertas y entrar, y de verdad, en toda esta primavera.

Hay quien dijo que quien tiene una amiga tiene un tesoro; pues yo tengo a Mencía y ella tiene una de las sonrisas más bonitas de mi mundo.

Y sí, ya queda mucho menos.

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