Me preguntan sobre los deberes que envío a diario. Y sobre cuál es mi criterio para seleccionarlos.
Básicamente puedo resumirlo en que me paro a pensar en si lo que voy a enviar como tarea va a incrementar tensiones en los hogares o si puede ayudar a lo contrario.
Me explico: creo que en toda familia -incluída en la mía- el nivel de desconcierto, de cansancio emocional y físico y también de frustración ,unido a unos miedos que se han propagado casi tanto o más que el famosísimo COVID 19, hacen del día a día un terreno bastante desgastado y con propensión a hacernos herida al mínimo roce. Así que trato de no inclinar más la balanza, en sopesar las fuerzas, en utilizar otras estrategias.
Buscar opciones que no impliquen repetición sino aprendizaje a través del disfrute, de las emociones en positivo y de todas las Artes, que al ser ni más ni menos que siete, dan para muchos días.
No tengo otra receta.
Poco más puedo añadir.
Poco más que ante los deberes, un pararse a pensar antes de elegir. Y elegir ser bálsamo en lugar de bomba de relojería.

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